
Las gaviotas no cantan, es un decir, entre los edificios. Mirando a El forastero misterioso siento un aleteo especial, una sensación breve de vértigo. Lo tomo y confirmo durante toda la mañana que los cuentos infantiles son leche templada, la necesaria ideología para la vida de los infantes: normas para vivir. Twain se despacha a gusto, desde su particular metafísica de liberal del Mississipi, y nos da lo mismo porque junto a él se respira, como junto a Satanás en el libro, bienestar, alegría. No sé a vosotros, a mí me sedujo con Tom Sawyer, con Adán y con Eva y de vez en cuando regreso y lo busco, para que me cuente cuentos. Twain fue un gran viajero, un aventurero como Sawyer, quizá sea hora de recoger los bártulos, nunca es tarde, de seguir el rumor del viento. Me lo llevo en el bolsillo.
2 comentarios:
La verdad que en nuestras vidas muchas veces hay que ir a buscar la aventura...El qué lo impide, es un misterio y aunque nunca es tarde...a veces miramos atrás y nos morimos de puro aburrimiento. Menos mal, vuelvo a decir, que nos quedan los libros, acto de leer que comparado con los hábitos culturales de la mayoría, es a veces una auténtica aventura. ¿Qué no?
Nos vemos.
Sí, Twain es genial...de hecho, decidí hace tiempo que mi regalo para cualquier boda va a estar aliñada con Diarios de Adán y Eva.
En fin, que yo también me lo llevo en la chistera.
Besos.
Por cieto, ya sé que eres el hombre ocupado, pero a ver cuando tienes un rato para un café y una charla.
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