
Hemos trasladado parte de nuestra neurastenia a otra página, otra modulación, más de lo mismo.
... pero cuando toca, toca
Informa Público que el director Michael Winterbottom, de quien conozco el apellido por milagros del Internet, se pone manos a la obra para rodar El asesino dentro de mi de Jim Thompson. Después de pequeños renacimientos, el último hace poco, merced a RBA, con la publicación en bolsillo de este libro (junto con Un ciego con una pistola de Himes u Ocho millones de maneras de morir de Block, entre otros) y del intento de reflotación de El Aleph (Los timadores, Un cuchillo en la mirada) y Diagonal (El trueno, 1280 almas) e incluso Punto de Lectura (1280 almas) en su Zona Negra ya de saldo, parece que ha llegado la hora, imploramos, de su recuperación. Esperamos una edición asequible de sus obras completas y de su autobiografía. Querríamos un hijo suyo pero nos conformamos, mayestáticamente, con que permanezca entre nosotros. Dentro de nosotros.
Rayando con El Bierzo al sur, en la comarca de La Cabrera, sobrevivieron algunos de los últimos maquis en España. De entre ellos destacó hasta su muerte y más allá Manuel Girón. Él reina de momento sobre los polvorientos templarios y aun habita en el corazón ideológico de estas tierras. Aunque, sabed, nada es eterno.
Después de su muerte deshonrada por unos y por otros, y por fortuna, Francisco Umbral se filtra en las librerías, hasta los libros de bolsillo, gracias al sello Menoscuarto. Con Balada de gamberros, su primera novela. Leída con avidez, disfruto con su lenguaje de orfebre y no puedo dejar de preguntarme por qué Destino, por decir algo, no reedita en bolsillo el fondo de este autor imprescindible. Por qué sí El Jarama que hoy resulta infumable y envejecido, por qué no Teorías de Lola. Pero da igual, tenemos un libro intenso, con el encanto de Las giganteas, con el que comparte no poco, y el nervio de Retrato de un joven malvado. Hay esperanza: larga vida al muerto.
Una de las discusiones más antiguas dentro de la historia de la filosofía es aquélla que versa acerca de su función, siempre ligada a otras como la explicación de qué sea, qué hace, qué produce. Como en el cine, hay peliculones y subproductos. Heleno Saña nos regala, bueno, nos vende muy a su pesar y por cuestiones ajenas a su voluntad buena y limpia, el último bodrio de este género literario que, no obstante tiene su interés y, también, su miga. El artefacto se intitula Atlas del pensamiento universal: historia de la filosofía y los filósofos, Almuzara (Books4pocket): 2008.
Todo el mundo lo critica y con razón: el sonido da asco. Pero a su despecho nos ofrece un fresco comprensivo de la vida del artista hasta donde es posible en estos momentos. Sobre el libro del innombrable remedo de periodista y neocasaliano brilla (v. La maldición de Tino Casal), porque aparece, Fanny McNamara, un poco cortocircuitada, todo hay que decirlo. Pero sobre todo porque entre sus objetivos no se encuentra la beatificación. Se presentan, pues, los que deben: la personalidad de Julián Ruiz, recocido y sapiencial por los efectos de la lucidez y la mala uva acumulada; la clarividente Olvido y Villa-Toro que no entiende nada por artista y se ensombrece y se enfada. Pululan también otros caraduras, los restos del huracán de los ochenta que se han colocado, en el mundo y por todas sus vías, de entonces ahora y hasta donde haga falta, mejor o peor, y con Pepa al fondo que es la única que no dice nada y la que falta después de que Fabio se decidiera. Una de las curiosidades del documento es el contraste, bastante pervertido en el libro, la inconmensurabilidad aparente entre dos aspectos de la vida de Casal como son su familia, sus amigos en Asturias, con la gente de Madrid; los jirones de la pax romana, con los estertores de la prueba, la cata, el experimento. Y sin embargo, encajaban. Gran Casal: me como el mundo, en fin, el documental de José Antonio Quirós, seguramente el último homenaje duradero al artista antes de que todo el historicismo que nos rodea se vaya a la mierda de forma definitiva, me demuestra más allá de toda duda que prefiero el artista, al músico, al pintor, antes que al personaje o la persona: ése se lo dejamos a su familia y a su biógrafo.
Cuando comenzó a soplar el viento levantó su rostro al cielo, frunció un tanto el ceño y alzando levemente los hombros, se adelantó después, mientras me giraba, para abrazarme por la espalda y besar mi cuello. Han salido muchas lunas desde entonces.